Los niños en la “iglesia de la gente grande”

Hoy voy a comenzar haciendo unas preguntas que pretenden su respuesta: ¿Qué es lo que les encanta hacer a los niños? ¿Qué actividades o situaciones atraen naturalmente a los niños? Una de las primeras cosas que pienso es en el agua. Ya sea que llueva y se forme un pequeño charco de agua en el patio, o salte a través de una fuente, o en la bañera de la casa, a los niños les encanta jugar con agua. ¿Y que de los helados? No necesitamos enseñarles a los niños como comer un helado. Nacen sabiendo como hacerlo. ¿Y si hablamos de correr? Coloquemos a niños al final de un largo pasillo y allí saldrán como en una carrera. A los niños les encanta correr. A los niños les encanta jugar con masa, colores y pegamento. A los chicos les encanta la música, les encanta saltar trepar y luchar, especialmente a los varones. Les encanta usar su imaginación. Les encanta mirarse en el espejo, les encanta hablar, hacer preguntas. Les encanta jugar con juguetes.

Hace varios años atrás, había una propaganda comercial en la televisión que ilustraba como un niño responde ante algo que le gusta mucho. La escena se abre en el dormitorio de los padres. Ellos están profundamente dormidos. De repente entra su hijo en el dormitorio completamente vestido. Trepa en la cama y comienza a sacudir a sus padres por los hombros  mientras les dice: “¡Despiértense!, ¡Despiértense! ¡Me prometieron! que hoy me llevarían a McDonald’s.

Los adormecidos padres miran el reloj que esta junto a la cama para ver que hora es. El Padre bosteza y dice: “Vuelve a la cama,  hijo son las tres de la mañana”. Ese es un niño al que le encanta McDonald’s. Se levanta temprano. Se viste solo. Esta listo para ir.

Que bueno sería si los niños respondieran de la misma manera para ir a la iglesia. Seria maravilloso si los niños se despertaran temprano el domingo de mañana, se pusieron su propia ropa y despertaran a sus padres con el mismo entusiasmo que el niño de la publicidad comercial de McDonald’s: “¡Despiértense! ¡Despiértense! ¡Me prometieron que hoy me llevarían a la iglesia!” ¿Es solamente un sueño? Puede ser. Pero quiero señalar  lo siguiente: debe haber algo acerca de la iglesia que a los niños les encante, no estoy hablando de la Hora Feliz o cuando se les invita golosinas. Hablo de la “iglesia de la gente grande”, el culto de adoración, la hora de la predicación.

Permítanme regresar a la propaganda de McDonald’s. ¿Qué es lo que le gusta tanto a los niños de McDonald’s? En realidad, es el menú infantil: una hamburguesa de tamaño para niños o las miniaturas de pollo, papas fritas, una bebida y un juguete. Los restaurantes de comida rápida han aprendido que a los niños les gusta que haya algo especialmente para ellos. Las iglesias necesitamos tener algo especial solamente para los niños en el contexto del culto. Estos programas ayudaran a los niños a sentirse valorados y bienvenidos a la familia de la iglesia.

Muchas iglesias y nosotros también decimos que los niños y las familias son importantes para la congregación pero se excluye o separa a los niños de la participación en la actividad más importante de la iglesia: El culto público. En la gran mayoría de las iglesias, los cultos de alabanza son planificados por adultos y para adultos. La selección de las canciones, el lenguaje, el texto bíblico y la duración del sermón, todos están orientados hacia el corazón, la mente y el rango de atención de los adultos. Aunque una iglesia nunca se promocionaría “solo para adultos”, así es como muchos de los cultos de adoración se sienten para los niños y sus padres.

Conozco a varios hermanos y hermanas que se han estado en la iglesia desde niños y ellos recuerdan como era estar en “la iglesia de la gente grande”. Se esperaban que ellos como niños se sentarán y escucharan el sermón. (Don Willy).No se les ofrecía  programas especiales para niños durante el tiempo del culto, ni un boletín para niños, o una cartelera para llamar su atención. La “iglesia de la gente grande” era un lugar preparado para adultos en la que se esperaba que los niños se adaptaran. Para muchos sentarse en el culto constituía algo para ser soportado, no necesariamente disfrutado. Si los niños asistían al culto de alabanza, se esperaba que permaneciesen sentados, quietos y en silencio.

Hoy en día sabemos mucho más que hace treinta o cuarenta años atrás de cómo crecen y se desarrollan los niños. Ese conocimiento ha transformado la paternidad, la educación el entretenimiento y el comercio para los niños. Nuestra sociedad esta llena de ambientes y productos que consideran a los niños. Los niños crecen en hogares seguros y viajan de un lugar a otro en vehículos con asientos especiales asegurados con cinturones de seguridad. Los juguetes son diseñados para cada etapa del desarrollo, para estimular el cerebro del niño, protegiéndolo al mismo tiempo de ahogarse con las partes pequeñas. Los parques de diversiones se especializan en crear mundos al nivel de la mirada de los niños. Algunas peluquerías tienen asientos de autos o caballos como en las calesitas para que los chicos se sienten a cortarse el pelo. (Dentista) Los centros comerciales cuentan con salones de juego para chicos (Posadas Plaza Shopping). Los supermercados proveen carritos en forma de autos para cargar  las compras. Cada vez hay más lugares que responden creativamente a la pregunta que hacen los padres: “¿Qué ofrecen ustedes para mis hijos?”

Es tiempo que como iglesia nos trepemos al vagón de la integración de los niños, no solamente porque la sociedad  moderna lo demanda, sino porque Jesús fue un modelo al respecto. Leemos en la Biblia que una multitud trajo a sus niños para que conocieran a Jesús cara a cara (Marcos 10: 13 – 16) “le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.”

Querían que Jesús pusiese sus manos sobre ellos y los bendijera. Cuando aquellos padres llegaron, Jesús estaba en medio de una acalorada discusión acerca del divorcio con un sospechoso grupo de fariseos. Era una situación tensa. El tema que se estaba tratando no era apropiado para que escucharan los menores. Cuando los padres empujaron a través de los adultos para llevar a sus hijos cada vez más cerca de Jesús, los discípulos los detuvieron. Les dijeron a los padres que no lo molestaran, que estaba ocupado. Pero Jesús escucho la corrección de los discípulos e inmediatamente cambio el centro de su atención de los fariseos a los niños y sus padres. Se inclino para alzar a los niños y sentarlos en su regazo. Entonces procedió a darles a sus discípulos, los fariseos y a toda la multitud, uno de sus propios mini sermones. Dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.”

Las Escrituras agregan que Jesús puso sus manos sobre los niños y oró por ellos.

En esta historia Jesús demuestra lo importantes que son los niños en el reino de Dios. Es un asunto que se reitera a lo largo de las Escrituras. Es interesante notar que la Biblia registra las experiencias infantiles de grandes hombres, como José, Moisés, Samuel y David. Cuando estos hombres eran niños, Dios estaba obrando en sus vidas para llevar acabo sus propósitos. Jesús dijo: “Y cualquiera que en mi nombre reciba a un niño como este, a mi me recibe…” Mirad, no tengáis en poco a ninguno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en los cielos siempre ven el rostro de mi padre que esa en los cielos” (Mateo 18: 5 – 10). Pablo le escribe al joven Timoteo. “Evita que te desprecien por ser joven; mas bien debes ser un ejemplo para los creyentes en tu modo de hablar y de portarte, y en amor, fe y pureza de vida” (1 Timoteo 4:12. V. P). Desde la perspectiva bíblica la infancia no es meramente una etapa por la que uno tiene que pasar hacia la adultez. La infancia es un tiempo con un propósito y significado divinos.

Los adultos nos beneficiamos al adorar a Dios junto a los niños, porque ellos poseen una fe que a Dios le agrada. Siempre están listos para confiar y creer. Son espontáneos. Son brutalmente honestos. Son expresivos. Son dependientes. Dios disfruta de la naturaleza y personalidad de los niños. Las Escrituras identifican específicamente atributos como la sinceridad, la humildad, la ingenuidad, la vulnerabilidad y la simplicidad como cualidades que se encuentran en los niños, y Dios las atesora. Cuando a los niños en el culto se les da la posibilidad de expresarse, los adultos tenemos la oportunidad de aprender de ellos y emular su fe infantil.

He aquí una meta importante para recordar: el propósito de la adoración es agradar a Dios. Y la adoración de los niños es agradable a Dios. Muchas, veces la adoración organizada llega a tratarse más de lo que nosotros necesitamos que de lo que Dios merece recibir de nosotros. Vamos al culto de alabanza para ser inspirados, para recargar nuestras baterías para la semana que tendremos por delante, y para encontrar refugio de un mundo que cada vez menos tolera nuestras creencias y nuestra moral. Con este enfoque distorsionado de la adoración, muchas veces los adultos sentimos que los niños nos apartan y distraen del espíritu de adoración. Es que ellos hablan en momentos inapropiados. Se mueven demasiado. Muchas veces son los mismos padres los que claman con más intensidad por un ambiente libre de niños. Muchos de ellos ven al culto como una oportunidad para tener una paréntesis en su labor como padres.

Pero la adoración no se trata de nosotros y de lo que nosotros queremos. La adoración se trata de Dios y lo que Dios quiere. Dios desea las alabanzas de su pueblo; incluyendo a los niños. El plan de Dios fue que los bebes y los niños pequeños le alabaran en el salmo 8: 2: “De la boca de los pequeños (los que maman) has establecido la alabanza”. Si para Dios es importante que los niños se involucren en la alabanza, para nosotros también debe ser importante.

Muchas iglesias ofrecen experiencias de alabanzas alternativas, solo para niños. La “iglesia infantil” es sin dudas muy popular para padres e hijos. Pero hasta en la “iglesia infantil” que cuente con la mejor alabaza y el mejor equipo para enseñar a los chicos, existe un peligro escondido; si los niños nunca adoran con los adultos durante sus años formativos, ¿cómo aprenderán que la “iglesia de la gente grande” es importante y deseable? Si los niños no son incluidos en nuestros cultos, ¿Cómo podrán valorarlos?

El culto no es únicamente el momento en que se enseñado el contenido de la fe, sino también la ocasión en que la iglesia comunica sus sentimientos,  y lo mas trascendente  de se fe. Si se aísla a los niños en su propia experiencia de adoración, se perderán mucho de la experiencia comunitaria de la familia de su iglesia. Los sermones y canciones deben tener en cuenta a los niños.

Cuando los niños son pequeños, son como el cemento recién cargado. Son impresionables. Es por eso que es importante incluir a los niños en el culto  comunitario desde pequeños. Los niños que tienen experiencias significativas en la adoración son más propensos a valorar la adoración al madurar hacia la adultez.

Los que saben dicen que hay tres aéreas generales del desarrollo infantil. Desde el nacimiento hasta los siete años, los niños están en la “etapa de ser impresos”. En ese tiempo, los niños absorben todo lo que les presentamos.” Lo que creen acerca de Dios durante ese tiempo es más que nada el reflejo de lo que nosotros (los padres) creemos”. Desde los siete hasta los quince años, los niños están en la “etapa de ser impresionados” Ellos tienen la mayor receptividad para nuestros valores y creencias, con el potencial de asumir esas creencias como propias… los niños comienzan a buscar su identidad espiritual durante ese tiempo, y necesitamos aprovechar la oportunidad cuando se presenta. Luego de los quince años, los adolescentes están en su etapa de entrenamiento, y son mucho menos receptivos a nuestros valores y creencias cristianas. Es muy probable que prueben y desafíen aquello que se les ha enseñado. Estas reflexiones deben ayudarnos a ver que necesitamos como iglesia incorporar a los niños a ala “iglesia de la gente grande” cuando son suficientemente jóvenes como para ser receptivos a nuestros valores y creencias acerca de la adoración. Si esperamos hasta que nuestros hijos lleguen a la adolescencia, puede ser que hayamos perdido una oportunidad crucial de enseñarles que la adoración es muy importante.

Una hija de pastores conto la siguiente historia: “Cuando yo era una niña y los domingos por la mañana me sentaba en el banco de la iglesia, tenía un pequeño juego que consistía en contar cuantas personas a mi alrededor tenía el cabello blanco. Luego contaba a las de cabello gris. Finalmente sumaba cuantas personas tenían anteojos. Perfeccione mi técnica lo suficiente como para mantener mi cabeza quieta y solo mover los ojos de un lado a otro, recorriendo las filas de personas. Era una manera de mantenerme ocupada durante el culto de adoración. Con el tiempo este sencillo juego me enseño más que eso. Me enseño que la presencia de los adultos mayores es muy importante para una congregación saludable. Los adultos mayores provén madurez en la fe, profundidad de experiencia y un firme sentido de la historia que constituye el eje para la unidad de la iglesia.

Esta misma hermana termina su historia diciendo. “ahora cuando miro a los bancos de la iglesia los domingos, busco los bucles rubios y las colas de caballo negras,  de los niños dispersos entre los adultos de cabellos blancos y grises. La presencia de los niños también es crucial para una congregación sana. Los niños proveen frescura de fe, emoción de vivir y un vislumbre del futuro que fortalece a toda la familia de la iglesia. Los niños  tienen un lugar importante en los bancos, junto a los adultos. Es nuestra responsabilidad lograr que sientan que pertenece allí.

 

Ernesto Gonzalez

Docente, Pastor y Co editor de La Trompeta

Garupá, Misiones

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