Por un 2026 con fe
Es imposible agradar a Dios si no tenemos fe. Así de sencillo y así de difícil. Un hijo de Dios está llamado a vivir por fe. Un creyente debe mirar la realidad invisible y espiritual antes que la visible y material.
La fe es central en la vida cristiana. Debemos mirar para arriba al Dios que todo lo puede, que todo lo sabe y también mirar para adelante ya que Dios tiene control del tiempo y del porvenir. La fe trata de las cosas que pertenecen el futuro y las trae el presente porque confía en Dios. Esta es la diferencia entre la verdadera fe y el simple optimismo que es una actitud humana, tal vez bienintencionada, pero que vana porque se funda en meros deseos humanos. Y sabemos muy bien que el corazón es engañoso (Jeremías 17.9). La fe se basa en los deseos de Dios, no en los nuestros y en sus promesas que son fieles y que siempre nos ayudan a bien.
La fe también es creer a Dios frente a los demás y a lo que pueda decir el mundo. Vivir por fe es jugarse por Jesús, no negarlo frente a los amigos o los compañeros de trabajo. Es tener una palabra de aliento ante un momento de dificultad sabiendo que Dios está obrando.
La fe es creerle al Espíritu Santo más que nuestros sentidos. Nuestra razón puede llevarnos a conclusiones lógicas, pero eso para el Dios omnipotente no significa nada. La fe mueve y activa el poderoso brazo de nuestro Dios. La fe no es música que estimula nuestros sentidos ni imágenes que puedan causar efectos en nuestra mente. La fe es caminar viendo al Invisible (Hebreos 11.27)
la fe no consiste en tener vanas ilusiones acerca del futuro, sino que mira todo con total convicción. Nos hace avanzar con optimismo, aunque no tengamos los recursos humanos que necesitamos porque sabemos que, así como Dios nos da una visión, se encarga de dar la provisión y los recursos que necesitamos.
Pero seamos honestos. Hay momentos en que dudamos. Hay momentos en que miramos lo material desde una lógica humana. La fe no niega la realidad material, lo que hace es mirar a Aquel que todo lo puede. No es a la enfermedad, es al Sanador; no es a la deuda, es a Aquel que prometió que nada nos faltará; no es al conflicto familiar, sino al que prometió que iba a hacer que el corazón de los hijos se vuelva a los padres.
El gran enemigo de la fe es la duda. Le costó caro a Tomás. Le costó caro a Moisés. La duda es pecado. La duda surge del desenfoque de las cosas espirituales. La duda viene del racionalismo humano. La duda hundió al Pedro porque no miró al Señor sino al movimiento de las aguas.
Debemos crecer en la fe. Los discípulos se lo pidieron al Señor Lucas (17.5). Y la respuesta es mirar a Jesucristo, buscar las cosas de arriba y alimentarnos de la Palabra. Cuida tus oídos, tus ojos, tus compañías. Aliméntate de la Palabra de Dios y rodéate de gente espiritual.
Debes vivir por fe. Anímate a hacerlo para que este 2026 sea diferente.
